
El otro día entré a una tienda de artículos de regalo con un amigo que buscaba una vela. Yo acababa de salir del trabajo, iba en chandal. Mi amigo fue a pagar al mostrador la vela, y yo estaba a su lado. El mostrador me llegaba a la altura del pecho:
- Supongo que vas a pagar lo que llevas en las manos -me dice la dependienta en tono acusador.
- Si llevara algo en las manos que fuera de esta tienda, lo pagaría, pero visto el trato, no espere que vaya a comprar aquí nada en la vida, que el llevar chandal no me hace peor persona que usted -respondo levantando las manos vacías.
- ¡Ay! Perdón, pero es que estoy tan acostumbrada a los robos...
- Y yo estoy tan acostumbrada a personas con su educación...
Silencio. Mi amigo alucinando. Nos vamos.
- Supongo que vas a pagar lo que llevas en las manos -me dice la dependienta en tono acusador.
- Si llevara algo en las manos que fuera de esta tienda, lo pagaría, pero visto el trato, no espere que vaya a comprar aquí nada en la vida, que el llevar chandal no me hace peor persona que usted -respondo levantando las manos vacías.
- ¡Ay! Perdón, pero es que estoy tan acostumbrada a los robos...
- Y yo estoy tan acostumbrada a personas con su educación...
Silencio. Mi amigo alucinando. Nos vamos.
1 comentario:
¡Ostias! Qué indignación, no se como hubiera reaccionado yo pero seguramente de una manera más brusca. Pues ya sabes, ni se te ocurra pasar por allí de nuevo... Qué asco de gente que hay por ahí...
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